jueves, 26 de agosto de 2010

Face Down

Una canción tras otra en el café de la esquina, unos indeseables ronquidos del vecino de al lado y una pelea de gatos se suman al dolor de cabeza que me quiebra hoy el sueño. 

A las casi tres de la mañana, mi cabeza no dejaba de reproducir aquella escena como si de ello constasen todos mis recuerdos. Meses después sigo encajada en el mismo capítulo de mi existencia. No me gusta. No puedo madurar. 

"La existencia de aquella tarde me destruye sin necesidad de recordarla una y otra vez. No debo evocar aquello no me ayudará" pienso, mientras decido salir a la terraza pensando que la música del café Le chat me ayudaría a relajarme. 

No fue así. Al contrario, el agobio nacía en mí ahogando la cordura. Mis ojos se nublaron y eso no ayudó a que el bienestar me invadiera. Descubrí que la música, por buena que fuese, cuando se utiliza para hacer desaparecer el ruido, lo único que hace es aumentarlo. 

Me desmayé. Para mi sorpresa, cuando abrí los ojos estaba sola, el horrible estruendo habría callado y el dolor de cabeza había mutado en un leve cosquilleo. 

Había muerto...