-Llamarse perfecto a uno mismo no es muy adecuado por tu parte, ¿no crees?
-Me conoces, no intentes inculcarme modales ahora. Devuélvemela.
-Puedes ser todo lo im-perfecta que quieras, pero no delante de mí.
-Si has cruzado medio país para ponerme nerviosa con estas tonterías de padre, puedes volverte ya.
-Intenta hacerme daño, no vas a conseguir que te devuelva la botella.
-Genial, ya compraré otra.
-¿No entiendes lo que pretendo?
-Que te den.
-Estás borracha.
-Esa es la escusa que usarás para seguir creyendo que siento algo por ti, que ni he sentido ni sentiré jamás. Pero, ¿sabes? Los borrachos siempre dicen la verdad. Ahora, dame mi botella.