jueves, 9 de diciembre de 2010

Como si tuviéramos cuatro años, y fue ayer (L)

Cuando jugábamos a ser mayores, yo era la niña buena y tú siempre el malo. Siempre ibas de negro con esos cascos rojos a juego de converses; en cambio yo, lucía mis mejores galas cada tarde contigo, unos zapatos de charol rojos, un vestido de niña de papá del mismo color, y en el pelo, un adorable lazo.

Tú tocabas la guitarra, yo el piano. La gente no entendía qué teníamos en común, ambos nos amábamos, sabíamos lo que era "amar" y le dábamos la importancia suficiente, anteponiéndolo a un helado de chocolate y gritándolo ante un millón de seres que nos llamaban extraños. 

Sabíamos bailar, tú me abrazabas y yo me dejaba llevar. 

Ya no quiero más, quizá es que tiene demasiados amigos

Momentos en los que destripo a alguien que no se lo merece ni de lejos, otros en los que suelto tonterías ciertas que no puedo explicar por interrupciones; los que menos, delante de un ordenador riéndome a más no poder... 

"Ganas tú el segundo asalto"

Ahora suena una canción lenta, os ponéis por parejas, ambos juntos. Me quedo a un lado, miro maravillada vuestros majestuosos movimientos tan sincronizados que me siento mal por haber destrozado a la última persona que me invitó a bailar. Veo al fondo a una persona que también está sola, que me mira y que se acerca... ¿Será él mi compañero? Sin comerlo ni beberlo aparece una chica, deslumbrante de vestido rojo que deja en segundo lugar a mi singular traje azul. Él gira y la abraza, y yo me vuelvo a sentar embobada con el movimiento de la primera pareja perfecta. Ellos.