Tú tocabas la guitarra, yo el piano. La gente no entendía qué teníamos en común, ambos nos amábamos, sabíamos lo que era "amar" y le dábamos la importancia suficiente, anteponiéndolo a un helado de chocolate y gritándolo ante un millón de seres que nos llamaban extraños.
Sabíamos bailar, tú me abrazabas y yo me dejaba llevar.