martes, 8 de marzo de 2011

Creí que hablaba del revés.

¡Qué ilusión! Escondí con sumo tacto mi medicación.
La magia del directo:
Siempre lo negaré, pero lloré. Mi garganta terminó destrozada, pero valió la pena.Un cigarro vecino que quema mi camiseta nueva, un amante guisante que terminó más que borracho, unos altavoces por asiento, unos zapatos destrozados de millones de saltos sincronizados. Cinco tipos encima de un escenario, más de trescientas personas adorándoles desde abajo; cerveza que van y vienen. Haría ese día mi rutina, la gente justa, ni más ni menos; él de mi mano, ella a mi lado con esa sonrisa de complicidad.

 Fue perfecto.