30 de Noviembre
¿A qué no sabes donde he vuelto hoy? Donde solíamos gritar, donde llenábamos bolsas de ansiedad y las arrojábamos al abismo. Este parque sigue igual, un poco más frío y un poco menos feliz ya que falta esa pareja joven que no necesitaban más que silencios para sonreír, nosotros; ¿nos recuerdas? Yo sí. Reconozco que escribo por obligación y no por necesidad, he pasado por aquellos cuatro mil días sin darme cuenta, y ahora me está ahogando el tiempo. Al fin, hallé el núcleo de nuestro error, que fue guardar solamente los días más gratos y olvidar los demás.
Te preguntarás por qué ahora. Ahora porque quizá es el momento de abrir la herida o cerrarla del todo. Sé que el problema es sólo mío, soy yo la que ve colores en tu sombra, y oye tus silencios en todas partes; los días sin ti son desvaríos y no hay manera posible de escapar. Dejo que nuestra canción haga de despertador, a ver si a la rutina me hace odiarla, pero cada vez la amo más. Deambulo como mito olvidado dejando que la tortura de la ignorancia me ate y me maneje llevándome al delirio continuo. Me he cansado de buscar durante el día al vampiro que acude de noche a mi ventana a cantarme historias y prometerme mundos que al salir el sol no se atreve a reconocer, pero no me he cansado de amarle.
Me falta esa chispa que solía reactivar mis sentidos y necesito de ése dulce para reconquistar el sabor de la vida que se me escapa.