lunes, 25 de enero de 2010

Gracias Señorita Rock 'nd Roll

Señorita Rock 'nd Roll llama a mi ventana, a la que se ha subido gracias a un viejo árbol que descansa bajo ella. Quiere que me vaya con ella al fin del mundo, y yo por primera vez en mi vida decido decirle que sí, le digo que me quiero ir con ella, que no cumpliré las normas que llevo respetando desde que tengo consciencia. Que no me harán falta todas esas leyes estúpidas, pues no pienso seguir bajo ellas.

Partimos temprano, yo y mi amiga la Señorita Rock 'nd Roll, cogimos un tren y de allí nos fuimos hasta la última parada en la que nos podía dejar. Llegamos a una playa de arena blanca, pero en ese momento me dí cuenta de que ese no era mi mundo, que yo necesito normas y reglas que me indiquen el camino de como vivir; encontramos trabajo en un bar de aquel pueblo costero. Pero no habían pasado más de 2 días cuando mi amiga Señorita Rock 'nd Roll ya quería volver a fugarse en busca de nuevas experiencias. A la madrugada siguiente, ella fue a la habitación de ese estúpido y andrajoso hotel, pues habíamos quedado en que pasaría a recogerme allí. Y bueno, en teoría me encontró, digo en teoría pues allí sólo se hayaba mi cuerpo, pues mi alma hacía ya unas horas que había huido en busca de normas, reglas y leyes. Dejando mi cuerpo atrás, pues era una muy pesada carga.

Gracias Señorita Rock 'nd Roll me has enseñado lo que puedo y no puedo hacer a pesar de desearlo con toda mi alma.


Un abrazo de la Señorita de Papel.

Andar sóla, escusa para pensar.

En aquel momento, sólo pensé en huir. Sólo me interesaba dejar de pensar, y bueno creo que lo he hecho. Esta mañana me he levantado muy temprano, con el único fin de escuchar mis sordos gritos que se escapan entre pensamientos. Como tenía clase no me podía escapar a ninguno de esos sitios que ni siquiera me atrevo a nombrar con el fin de que sigan siendo secretos. Me limité a coger mi mochila y marcharme al instituto, mientras caminaba hacia él, intentaba que las lágrimas que empezaban a asomar por mis ojos no cayesen, y no era porque me diese vergüenza llorar ni nada por el estilo, era porque si el viento era capaz de hacer que mi cara empezase a arderme por el simple hecho de entrar en contacto con los muchos cortes de mi piel, no quería imaginarme lo que sucedería con una lágrima. Pero al fin, no lo conseguí porque las lágrimas eran más fuertes que yo. Tras unos veinte minutos andando con la total compañía de mis pensamientos, manteniendo una conversión con mi alma asesina, descubrí que aquella no sería la última vez en la que yo decidía levantarme temprano con el único fin de caminar.

Llegué cuando ni siquiera habían abierto las puertas de instituto, y cuando me senté en el suelo de la calle pareció que el cielo se había apiadado de mí haciendo que lloviese ese día y así poder disimular mis lágrimas. El resto del día fue mejor de lo que esperaba, incluso aprobé uno de los exámenes más difíciles del curso. Definitivamente quiero volver a repetir esa experiencia...