viernes, 29 de julio de 2011

Mentiras piadosas.

Unos días un poco más monótonos de lo normal, encuentras a una persona increíble. Parece que es la única nota afinada que has escuchado en meses y te emocionas al comprobar que el sentimiento es mutuo. Todo se lo cuentas a esa persona, solo deseas cruzarte con ella para ahogarla en pensamientos que te incomodan y que necesitas darle salida; a cambio, ella te ahoga con sus preocupaciones. Raro, ¿verdad? Tantos seres en el mundo, y encuentras la pieza clave del puzzle, esa pieza que te deja ver que en la imagen hay un gato, un lagarto o un caballo. Te paras a pensar y comprendes que lo importante no es el dichoso dibujo sino la pieza que lo forma. 
Eres dependiente de esa persona, ella lo es de ti, llega un momento en el que no se puede saber donde empieza ella y donde acabas tú, sois uno.

jueves, 28 de julio de 2011

Jugábamos a ser hierba y asfalto.

Te encuentro por casualidad, logro acorralarte en alguna esquina y jugamos a ver quién aguanta más sin apartar la mirada; eres un experto, yo solo una novata, me ganas. Ahora me tienes que imponer un castigo, seguro que con lo dulce que eres no me cuesta cumplirlo.
Como supuse, el castigo es más bien un premio, tengo que pasar el resto de la tarde contigo.
Al final, cuando el cielo ya se mancha de una tinta rojiza, terminamos en un pequeño parque sobre el césped mejor cortado. De forma inconsciente volvemos a sostenernos la mirada, y pierdes tú al besarme. Se supone que ahora me toca castigarte, nunca se me dio bien ésto. 

miércoles, 27 de julio de 2011

Tuvo mucha prisa y se salió más de una vez.


Tuvo mil historias,
tuvo algo en que creer
y ahora coge sus tacones y la noche empieza a arder.

Ten cuidado con lo que dices,
que esta hecha de cicatrices,
es el verbo en carne viva,
es la mujer elegida no la busques déjala,
para ya, para ya,
vive tu vida también,
tú cuídate.
Ana siempre estará bien...

lunes, 11 de julio de 2011

CASIO HL-820ER

Tengo ganas de cogerte de la mano, de decirte que me olvides entre risas, de pasear por Murcia, de sentarnos lejos en el autobús para que todo sean coincidencias. Aún guardo tu tornillo azul, ése que nos encontramos por el malecón, la carpeta con tu nombre sigue en mi escritorio, las canciones de The Killers salen de los altavoces a todas horas. Me encantaría que volviese cada mañana por los pasillos que cruzamos como extraños, deseo volver poder mentirte con "No te quiero". Te echo de menos, soy así de inmadura.


He perdido el bus a Cartagena, así que tengo tiempo hasta mañana.

sábado, 9 de julio de 2011

Últimos días desde 1999"

A través de la ventanilla del coche me maravillo con la hermosura del bosque centenario que atravieso. Donde termina el camino se puede ver una gran puerta blanca de hierro que nos conduce a un edificio de cuento; parece mentira que sea un hospital.
Entramos en la inmensa recepción donde un olor desagradable y terriblemente cargado me quema, subo las majestuosas escarelas de madera hasta el segundo piso; giro a la derecha, ya que a la izquierda están los quirófanos, y encuentro el largo pasillo blanco de grandes ventanales, frente a ellos puertas. Decenas de puertas, blancas e idénticas. Las que están abiertas dejan ver rostros destrozados, unos por el dolor, otros por la tristeza o la soledad... Ninguna cara alegre, todas horriblemente deprimentes. Las puertas que están cerradas me provocan aún más pavor, ya que mi imaginación comienza a desvariar cuales son las causas de dicho cierre. Giro otra vez a la derecha, y otro pasillo un poco más corto que el anterior se describe ante mí, al fondo de éste mi destino. Estoy temblando, mi  respiración es dura y forzada, no sé si será por el putrefacto olor o por los miedos pero es insoportable.
Finalmente atravieso el umbral de la habitación 225B y allí encuentro a dos hombres de bata que me miran desconcertados  y me piden que espere fuera ya que necesitan hablar a solas con mis padres. Obedezco, más nerviosa si cabe; el silencio sepulcral, unicamente interrumpido a malas penas por los susurros de mi padre y uno de los médicos, se quiebra por una mujer vestida de blanco que se sienta junto a mí:
-Relájate -dice-. Los nervios no ayudan.
-¿Nervios? No estoy... -comienzo a decir, parando al ver mis sudadas manos y mis rodillas temblorosas-. No entiendo por qué no puedo enterarme.
-No quieren que sufras -continua ella-. Si de veras crees que estás preparada te resumiré lo que le están contando.
-Lo estoy -añado sin estarlo-.
-Ha tenido una recaída, anoche sufrió otro infarto. Es muy fuerte pero tiene 83 años y ...
Tras la palabra "infarto" dejo que mi cabeza vuele a otro lugar, la enfermera sigue hablando pero yo apenas puedo oírla. Un par de lágrimas tímidas atraviesan mis mejillas, quemándome, terminando en mis labios; como siempre, con la lengua las recojo e intento pensar en otra cosa pero es imposible, me levanto y emprendo mi huida dejando a la enfermera hablado sola.

miércoles, 6 de julio de 2011

Recuento:

Tengo una cámara increíble, una posible exposición, un mes en Barcelona, dos semanas en Madrid, un búho, un meow, una habitación muy Ame, y muchos bienes materiales más. Algo apetecible, muy goloso; pero luego está la parte de la responsabilidad de un cumpleaños, los sentimientos que no dan respiro, la necesidad de buscar nuevos ojos y nuevas bocas, un hermano capullo que a todos parece caer genial, un complejo enorme, una herida que no cierra nunca, cuatro rosas marchitas sobre el escritorio.

Sé que lo mío no es pasajero, que cuando algo se solucione aparecerá un nuevo personaje para reescribirme de tal forma que nunca pueda experimentar la felicidad (cosas que apoya mi teoría de que la felicidad no existe); y me quemo por huir al concierto de Foo Fighters esta noche, tintarme de rojo y no pisar Molina hasta dentro de un par de años, quizá así te das cuenta de lo que pierdes aparentando una fortaleza que no tienes, transmitiendo una decadencia que no conoces. Que cobarde soy.

Gari(-y)

Mirar atrás y fijarte en las personas que se han quedado ancladas, levantar la mirada hacia el futuro y deprimirte al darte cuenta de que todo es confuso, un millón de rostros difuminados que te observan esperando una respuesta que los defina. 

Yo, dimito. Me quedo donde antes, con mi Gari(-y) de hamma, mi seta y mi fantasma mordisqueando sus esquinas, apuntando las fotos que quiero hacer, en la libreta de pentagramas, y a quién quiero hacérselas.