Todo da vueltas, no logro reconocer el lugar en el que me encuentro yaciente. Hay mucha gente a mi alrededor y música demasiado fuerte y estridente para mi gusto.Me levanto con cierta dificultad y tras algunos tropiezos llego a la salida de aquel antro.
Me apoyo en una farola intermitente y busco en mis bolsillos algo con lo que poder pedir un taxi. En su lugar encuentro un paquete de cigarrillos, no suelo fumar pero ahora me apetece especialmente. Aprovecho que sale un chico del lugar donde yo había despertado y le pido fuego. Sin apenas parpadear me mira y saca un mechero negro, brillante. Me sorprendió pues sus movimientos eran elegantes, realmente elegantes.
-No debería fumar, señorita -dijo colocándose la americana que antes colgaba de su brazo-.
-Tú eres demasiado elegante y sutil para acudir a lugares como éste -respondí señalando el lugar del que provenía el ruido-.
-Miau.