Cuatro vidas me quedan, de las siete con las que nací. Os sorprenderá que un lagarto tenga siete vidas, pero diré en mi defensa que soy un híbrido entre felino-reptil.
No añadiré nombres, quede cobarde o no, ya he escrito muchas tonterías aquí.
Tres seres fueron capaz de matarme. La primera hace dos años, creo recordar robándome lo que más quería. La segunda hace un año, arrebatándome sobre lo que me apoyaba. Y la última, no menos importante, dándome ilusiones y luego obligándome a vomitarlas.
Cada cual más dolorosa, se encuentran en mi día a día. Susurrándome mis errores a través de miradas. Arañando mis fracasos y usando los retales de mis problemas para envolverme formando pesadillas. No es odio lo que almaceno en botes de cristal preparado para explotar. No. Ni venganza, ni ira. Es rencor. Un débil e inútil rencor que solo sirve para recordarme que ellas existen.
Tres veces me han asesinado. Ya solo quedan cuatro.