jueves, 24 de junio de 2010

Fin, se acabó. Verdad ramera.

Nunca la había visto así. Era realmente doloroso. Sus pensamientos no tenían cavidad en aquella cabeza pues las dudas no dejaban de aparecer. Lo que esclareció no le hizo ningún bien. La verdad se filtró por la raída piel de papel hasta llegar a lo más profundo de su ser. Al llegar actuó y la destrozó. La señorita murió... Pero todo fue su culpa. No fue agua lo que la ha disuelto, era tinta. Su propia tinta acabó con ella. Tinta con la que escribía y disfrutaba, llegó un momento en el que la señorita falló, no escribió. Cuando volvió la tinta no estaba allí para volver a empezar...

Ella sola se lo buscó, ella sola se destruyó.

No da pena, tan solo era una mitad. ¿Qué más da que se haya muerto? Inane reina en el lugar.