martes, 1 de febrero de 2011

Golpea, como si fuese tu última pelea.

Rin, Rin, Rin.

Nunca me han gustado los teléfonos, no pensaba contestar. "Al menos me ha despertado" me consolé. Hundí la cara en el frío cuenco con agua y me peiné a groso modo. Me vestí más rápido que nunca, con ayuda del azar enfundé mi abrigo rojo. Até fuertemente los cordones de mis viejas botas, escogí la manzana más apetitosa y monté en la bicicleta.

Atravesé las calles aún durmientes, perseguida por una niebla lo suficiente densa como para dificultarme el trayecto que tan bien conocía. Llegué a los pies del árbol habitual, vacié mi mochila mientras le daba el último mordisco a la manzana y me senté sobre la mullida hierba. Cogí el cuaderno y el lápiz perfectamente afilado, comencé a dibujar con los ojos cerrados dejando que el tímido Sol que empezaba a asomar me calentase la piel.

No sé cuanto tiempo pasé allí recostada sobre mi tronco favorito, fue efímero. Abrí los ojos ansiando ver lo que mi subconsciente había dibujado; me sorprendí. Era un rostro hermoso el de aquel muchacho, no lo conocía pero espero hacerlo puesto que le besaré en breve...


[Completo en la libretita :)]

Editar

¿Qué hacer cuando la razón busca venganza y el corazón se limita al placer?
Mentirosos sois reconociendo el mérito ajeno y haciendo como que sois inferiores.

Tú que pretendes captar todas las miradas apartando la tuya, eres patética; aprende, supera y avanza. Corre por caminos en los que nadie marcó la ruta, usa tu intuición como mapa y dale la vuelta para anotar un toque divertido en la historia. No seas la típica niña pequeña a la que hay que estar escarmentando entre algodones para evitar lágrimas de cocodrilo. Por favor, no finjas; sácale una sonrisa a alguien que se cosió los labios y luego colúmpiate en ella.


Me importas y me duele reconocerlo.