sábado, 22 de mayo de 2010

Noté como mi vida dependía del calor que producía una insuficiente vela.

Y poder gritar lo mucho que recuerdo tu pluma dibujando mis labios.

Me dijeron que viniste. Que preguntaste por mí, que me buscabas. Pero no dejaste ninguna nota. Y luego desapareciste, desperdicié casi toda mi vida por encontrarte y no lo hice. No me dejaste otra alternativa, tuve que pasar página sin ti.

Fue doloroso, aún lloro por las noches temiendo que aparezcas y vuelvas a abrir la herida.


Nunca te olvidé y eso nunca ha sido un reclamo para ti. Pero te han visto. En la cafetería de siempre, releyendo ese libro que te regalé. No aparezcas. Por favor.

Seré sincera; me vas a responder la carta, y me dirás de quedar en el parque, bajo aquel arbolito... Bueno, en fin... Volveré a caer.

Ciega, sin corazón ni vida. Escribo

Nadie se imaginará lo mal que lo he pasado, nadie me entenderá jamás.

Me enamoré de Narciso... Pensé que podría controlarlo, pero no ha sido así. Ahora soy Eco, oculta en mi cueva, donde moriré dejando tan solo mi voz.

También fui Luna, me enamoré de Sol. ¿A quién se le ocurre? Enamorarse de alguien a quien no puedes mirar. Me quedé ciega.

Ahora sin vista, sin vida, y sin corazón me doy cuenta de que tengo la suficiente experiencia como para empezar a escribir un libro que todos los seres de este mundo lo han necesitado, o necesitaran. Un diccionario de sentimientos.