miércoles, 27 de octubre de 2010

invadimos el metro

Pulsas una tecla blanca, luego un sostenido. Que coqueta quedó la melodía. 

Cada sonido que emitía aquel viejo piano me atravesaba como un rayo. Me contagiaba una tranquilidad inhumana. Finalmente me transportó a algo que yo no conocía. 

Sólo sé que fue hermoso, tan tan hermoso que cuando la música cesó todo me parecía horrible. Ningún otro sonido se asemejaba en lo más mínimo. Aquellas combinadas notas que escuché años atrás en el café de la esquina nunca volvieron a sonar. 

Artista anónimo, que se perdió el 18 de un once hace años. Deja de torturarme. Aparece desde donde estés y devuélveme la sensatez que te llevaste a través de la bruma marítima. Por favor...

Estoy triste porque me hace ilusión llorar. -.-'

Con un poco de suerte, un mal día se cruzará conmigo. Yo, casualmente encontraré algo punzante y pasaré a ese otro lado del que nadie vuelve. Se debe estar muy cómodo, ¿no?

Sinceramente, me gustaría que me recordasen. Que mirasen a atrás y me vieran como una persona interesante o, al menos, como a una persona.