Cada sonido que emitía aquel viejo piano me atravesaba como un rayo. Me contagiaba una tranquilidad inhumana. Finalmente me transportó a algo que yo no conocía.
Sólo sé que fue hermoso, tan tan hermoso que cuando la música cesó todo me parecía horrible. Ningún otro sonido se asemejaba en lo más mínimo. Aquellas combinadas notas que escuché años atrás en el café de la esquina nunca volvieron a sonar.
Artista anónimo, que se perdió el 18 de un once hace años. Deja de torturarme. Aparece desde donde estés y devuélveme la sensatez que te llevaste a través de la bruma marítima. Por favor...