Fffh! El Sol se ha apagado como la vela de una tarta, que ya ha caído en el olvido por el simple hecho de dejar de emitir luz. El mundo se esparrama en una espiral de conflictos hasta desaparecer, como lo hace una pañuelo repleto de lágrimas que cae por el sumidero de unos baños públicos. Los seres que habitan en nuestro planeta viven en el desconcierto, y yo que soy la única que dispone de un mundo propio, soy la que más súplicas recibe. Pero como soy egoísta les respondo que NO. Hasta que quien me pedía ayuda era nada menos que la mismísima Luna, y no la de queso, sino la Luna en la que yo siempre he querido estar, pero nunca lo he conseguido; me está pidiendo que le ayude, porque se está muriendo...
Adivinad, ¿y yo que le dije?... Pues lo de siempre, le conté que tras pasarme una vida siendo una lagartija que al ser rechazada por la Luna
se refujió en una Luna de queso improvisada, prefiero morir seguir siendo lo mismo... Porque a pesar de que el universo cambie y mi entorno con él, yo no caeré en su trampa y no modificaré mi mundo.