Aquel fue un día realmente duro, estaba cansadísima deseando llegar a mi burbuja.
Mi meow me esperaba en la puerta, le di su ración de leche y ella a cambio me dio un sobre; un sobre morado. En él, una nota "No llegues tarde" y una entrada de teatro. Sin preocuparme de nada corrí hacia la parada del bus.
La función empezaba a las once, eran las doce menos cuarto cuando yo llegué al teatro. Todos salían encantados, encontré mil sonrisas iguales en mil rostros distintos. Nadie comentaba, no se oía ni un susurro. Intenté huir de su atención pero los macabros espectadores me rodearon sin torcer ni un poco su sonrisa; cada vez se acercaban más. Estaba llorando de pánico, algún reloj sonó dando lugar a la media noche, todos los autómatas continuaron su marcha. Me levanté con las rodillas aún temblando deseando que él no se haya ido aún. Atravesé el patio de butacas a oscuras, con miedo, guiada por una música que me impulsó hasta el escenario. Recuerdo que se encendió un foco que me alumbraba a mí, un par de metros a mi izquierda se encendió otro que le iluminaba a él, sentado en su piano. Comenzó a tocar sin mirarme, y yo a cantar sin saber la letra. El teatro fue tomando un tono sepia, y se fue encendiendo; un par de cabezas aparecieron en la última fila, otras pocas en la primera... Antes de que yo me diera cuenta el teatro estaba lleno, y centenas de manos nos aplaudían. Veo que alguien coge mi cintura, era el pianista que se disponía a saludar, "Como en los viejos tiempos".
Unas horas más tarde, ya solos con el sabor agridulce de la noche en la punta de la lengua:
-¿Cómo lo haces? -pregunté- Es todo tan mágico.
-¿Cómo hago qué?
-Cambiarlo todo.
-Yo no cambio nada, tus lágrimas son las mismas -me dijo mientras se sentaba a mi lado-, antes de pánico, luego de alegría.
-¿Pánico? Así que no fue una pesadilla... En el fondo supongo que ya lo sabía.
-No pareces sorprendida.
-Recuerda que yo viví muchos años a tu lado.
-No lo he olvidado. Te eché mucho de menos, podríamos volver a ser los de antes.
-Ese mundo no está hecho para mí -dije, arrepintiéndome ahora-. Éramos increíbles, nadie rompía mejor que nosotros la línea entra lo real e irreal.
-El show debe continuar. Volveré por ti el año que viene, y el siguiente y el siguiente. Hasta que logre convencerte.
No volvió nunca más.