Actuar a sus espaldas con la excitación del que comete un crimen. Creerse poeta y hablar en prosa. Pasear de noche y creerse gato. No me explico la razón, hace tiempo que dejé de buscar. Ella me cansa, no quiero saber nada más de sus chanchullos, de sus molestas ideas de bombero, de sus aventuras reales o ficticias; no me importan. Bueno, la curiosidad me vence pero me debilita sentirme el centro de algo en lo que no tengo que ver.
¿Le quieres? Vale. Asúmelo, y elige a otra a quién amargar con tus estupideces.