jueves, 13 de enero de 2011

Besar a ojos cerrados

Autoestima la llaman, pensar en ella me destruye. Su ausencia hace eco en mi entrañas y no sé como reclamarle que vuelva. Mi conciencia siempre está diciendo lo que debo hacer, y si no lo hago como es debido ahí está ella para cambiarme noches dormidas por insomnios. Estúpida conciencia, que me reprocha haber besado a ojos cerrados. Estúpida conciencia, que me condena por haber hablado con los oídos tapados. Estúpida conciencia, que me censura por haber andado por caminos desamparados.

Ese espejo que insiste en no ser el único capaz de reflejarme me invade cuando descanso para recordarme que debo ser fuerte, que no debo desistir, por muchos carnavales que se protagonicen.

Paréntesis :3

Qué decir queda que no haya expuesto entre lágrimas y risas. Aún me niego a pensar lo duro que será todo lo que está amaneciendo, me aterra lo que me pueda traer la primavera. Imaginar las tardes de insoportable calor que pasaré entre libros me consuela (aunque nunca lo suficiente), las canciones nuevas que conoceré despiertan en mí algo de esperanza (aunque nunca la suficiente), las dos personas que de momento son mis ojos, mis oídos y mi piel son lo único que me permite sacar una sonrisa (falsa o no) todas las mañanas.

Nunca supe qué era mejor, ¿el remedio o la enfermedad?
Vivir con la confianza de nunca haber roto un plato o con los remordimientos de haber matado a alguien. Siempre se me dio bien la caza así que...

No me alargaré en mi propósito de aumentar los muertos, y disminuir las lágrimas. Ojalá lo consiga, ojalá madure y no tenga que fijarme que labios beso para darme cuenta de que lo estoy haciendo bien.

Queridos ojos, oídos y piel, espero teneros durante mucho más tiempo. Ya sea entre miradas o intenciones, todo cuenta.