viernes, 24 de diciembre de 2010

Que alguien lo ate a la cama y le dé una inyección.

Con todos ustedes La Navidad, espectáculo sin igual en el que personas como tú como él se divierten y disfrutan. Reciben y entregan regalos por doquier; un gozo a veces, otras un apuro. Como podéis comprobar, no me suelen gustar estas fechas... Nostalgia quizá. Mi Papá Noel pasó antes de lo normal y me trajo una cámara y una caja de mi droga favorita. Me está empezando a gustar.

En todo caso, a aquellos que la celebren: "Felices fiestas".A aquellos que no: "Aprender a ver el lado bueno, siempre lo hay por pequeño que sea".

PD: Hasta dentro de un tiempo creo no volver, no es seguro...pero bah... ¿A quién le importa?

PD2: Quality shit

lunes, 20 de diciembre de 2010

En la ruleta rusa: YO

Todo da vueltas, no logro reconocer el lugar en el que me encuentro yaciente. Hay mucha gente a mi alrededor y música demasiado fuerte y estridente para mi gusto.Me levanto con cierta dificultad y tras algunos tropiezos llego a la salida de aquel antro.

Me apoyo en una farola intermitente y busco en mis bolsillos algo con lo que poder pedir un taxi. En su lugar encuentro un paquete de cigarrillos, no suelo fumar pero ahora me apetece especialmente. Aprovecho que sale un chico del lugar donde yo había despertado y le pido fuego. Sin apenas parpadear me mira y saca un mechero negro, brillante. Me sorprendió pues sus movimientos eran elegantes, realmente elegantes.

-No debería fumar, señorita -dijo colocándose la americana que antes colgaba de su brazo-.
-Tú eres demasiado elegante y sutil para acudir a lugares como éste -respondí señalando el lugar del que provenía el ruido-.
-Miau.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Recibo de préstamo

Su respiración entrecortada dificultaba la expulsión de su voz, pero al fin consiguió gritar algo parecido a un socorro. Mike la oyó, se giró dudoso; estaba envuelta en una traslúcida mezcla de humo y sombras. El miedo corroía su interior y siguió su huida. Acalló los gritos de aquella chica con sus propios latidos. Al fin salió de aquel túnel. Ya no habían gritos a su espalda.

Años después... 

Mike tomaba café en una adorable terraza, al sur de París. Intentaba recuperar los borrosos recuerdos que aún seguían estremeciéndole. Desde ese fatídico día, tenía pánico a la oscuridad, odiaba caminar por lugares desiertos, no se había vuelto a enamorar. Apenas dormía una o dos horas seguidas. Se le olvidaba comer. La vida se le escapaba, como se le escapa a un globo pinchado el aire. Mike lo sabía, pero no le importaba, en el fondo era lo que quería; nunca llegó a perdonarse haberla dejado allí. Ya ni siquiera se acordaba porqué entraron en aquel sitio.

Sacando a Mike de su conversación consigo mismo, una chica tropieza con la mesa tirando la taza de café. Se disculpa muy avergonzada e insiste en pagarle otro café pues del primero estaba casi entero. Mike horrorizado comprueba las facciones de la chica: Pelirroja, ojos grises, pecas. Era Aurora. ¿Cómo es posible que siguiera viva?

-Auro...¿Aurora?
-¿Nos conocemos?
-Ehh...-rectificó al darse cuenta de su laguna, ella no le recordaba- No, la confundí.

Mike se fijó en la maleta de la que tiraba con la mano derecha, y en la cámara que colgaba de su cuello.

-¿Conoces la ciudad?
-No... Apenas llevo  unas horas aquí.
-Sería un placer enseñársela -respondió Mike, seguía enamorado de ella y por muy egoísta que sonase, no le diría la verdad nunca-.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Escalera de color. *sombra*

Pasos,
suspiros,
sollozos,
algún grito.
Tengo miedo,
pero no lloro,
creo estar sola,
aunque no veo nada.
Mis ojos están cegados,
mis pesadillas me enlanzan,
una venda de memoria negra y tupida,
y así no dejarme marchar nunca más.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Interpretación nefasta por la chica gris.

Algo que esperamos, que sabemos que nos va a coger antes o después no debe pillarnos por sorpresa pero lo hace. Nosotros decimos: Siempre se lleva a los mejores, quizá porque olvidamos lo malo tras la muerte. Olvidamos lo que nos molestó de él, lo que nos obligó a pararle los pies en algunos momentos. Sólo pensamos en lo mucho que nos falta, lo importante que era, que lo queríamos; y nos arrepentimos, y nos llamamos estúpidos por no haberle dicho a tiempo "Te quiero" a veces tan necesario como innecesario (también malinterpretado, a veces lo entienden como amistad, o como algo más). Soy tímida, insegura y también egoísta, pero lo que no soy es orgullosa... No tengáis miedo a la muerte, vivir el tiempo que os queda, conmigo o con quién quiera que lo estéis pasando. Disfrutad al máximo, y recordar lo mucho que amáis.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Como si tuviéramos cuatro años, y fue ayer (L)

Cuando jugábamos a ser mayores, yo era la niña buena y tú siempre el malo. Siempre ibas de negro con esos cascos rojos a juego de converses; en cambio yo, lucía mis mejores galas cada tarde contigo, unos zapatos de charol rojos, un vestido de niña de papá del mismo color, y en el pelo, un adorable lazo.

Tú tocabas la guitarra, yo el piano. La gente no entendía qué teníamos en común, ambos nos amábamos, sabíamos lo que era "amar" y le dábamos la importancia suficiente, anteponiéndolo a un helado de chocolate y gritándolo ante un millón de seres que nos llamaban extraños. 

Sabíamos bailar, tú me abrazabas y yo me dejaba llevar. 

Ya no quiero más, quizá es que tiene demasiados amigos

Momentos en los que destripo a alguien que no se lo merece ni de lejos, otros en los que suelto tonterías ciertas que no puedo explicar por interrupciones; los que menos, delante de un ordenador riéndome a más no poder... 

"Ganas tú el segundo asalto"

Ahora suena una canción lenta, os ponéis por parejas, ambos juntos. Me quedo a un lado, miro maravillada vuestros majestuosos movimientos tan sincronizados que me siento mal por haber destrozado a la última persona que me invitó a bailar. Veo al fondo a una persona que también está sola, que me mira y que se acerca... ¿Será él mi compañero? Sin comerlo ni beberlo aparece una chica, deslumbrante de vestido rojo que deja en segundo lugar a mi singular traje azul. Él gira y la abraza, y yo me vuelvo a sentar embobada con el movimiento de la primera pareja perfecta. Ellos. 

lunes, 6 de diciembre de 2010

Será genial.

Nubes de miel, y caramelos de agua. Siluetas distorsionados por el paso de los días y rostros olvidados por la misma razón. Aburrido.

Propongo algo, nosotros inmortales, deberíamos cambiar. Jugar con la piel de los pobres humanos haciéndoles sufrir. Quememos su noche, y amarguemos su día. Seremos temidos por seres que ni siquiera saben qué temer. Asesinos, jugadores de ajedrez. Moveremos pieza con nuestras delicadas manos de pianista. Fijaros bien. Soplando podemos provocar huracanes; si chapoteamos un poco, una inmensa ola les destrozará. Robaremos vidas de la forma más cruel y divertida, de forma totalmente anónima. Sin futuras represalias.

No sabrán que despertando cada mañana, lo único que hacen es mirar directamente a la muerte, que por supuesto, observa sin distracción aprovechando cada descuido para matar a alguno más.

Seremos la muerte, será genial.

Vestido granate, quién me lo iba a decir.

Decidí arreglarme más de la cuenta. En realidad, no sabía por qué. Era otro día como otro cualquiera, por fuera. Había algo dentro de mí que decía que hoy era un día especial, que iba a ocurrir algo fuera de lo normal.
¿OVNIS?” pensé. Qué estúpida, siempre me habían dado miedo los extraterrestres, aunque creyera en ellos.
Quizá encontraría a mi chico ideal. Como en las películas, vamos andando, nos caemos, nos miramos y… ¡Pum! Yo no creo en el amor, pero es bonito pensar que puedan pasar cosas así.
Tantas cosas pueden pasar por puro azar… “¿Azar o destino? Pues no lo sé” Siempre he creído en el destino, que todo está entrelazado y que da igual lo que hagas, si tienes que morir por un accidente de tráfico, lo harás, aunque tengas un cáncer que te está matando por dentro y los médicos te digan que te quedan 3 meses de vida; morirás, porque el destino es así de cabrón.
Cogí un paraguas y salí de casa. Adoro la lluvia, pero no me gusta mojarme después de haberme arreglado tanto. Tampoco entendí porque no le dije a mamá que me llevará en coche, supongo que tendría ganas de pasear. De todas formas, tuve suerte; antes de llegar al lugar al que iba, paró de llover.
Me senté en un banco de piedra que formaba una especie de muro. Estaba frío, duro y encima era incómodo, pero supuse que no tendría que esperar mucho.
No recuerdo exactamente cuanto tiempo esperé hasta que pasó algo digno de mención.
Yo iba fijándome en todas las personas, e iba eliminando “¿Extraterrestre o amor para toda la vida? Yo diría que extraterrestre.”
Había un cruce de calles, y dos jóvenes de no mucha edad más que la mía, iban a estrellarse; iba a ser divertido. Siempre me ha gustado ver a la gente en situaciones absurdas.
Él tenía el pelo muy rizado y negro, pero con el sol parecía más bien color chocolate (de ese que tan poco me gusta a mí porque es muy amargo) y vestía ropa oscura. Qué idiota, pensé. Cuando llueve me gusta ir con ropa colorida, para que el tiempo vea que no me ha jodido, que estoy bien aunque tenga los calcetines mojados y el pelo enmarañado.
Ella tenía el pelo largo y castaño claro. Vestía muy extravagante (la clase de ropa que a mi no me gusta llevar, porque me siento como una idiota), pero a ella le quedaba bien.
Me puse en guardia; iban a chocar. Él caería al suelo, empapándose la ropa, y ella, al intentar ayudarle, caería junto a él. Una lástima, se iba a estropear el bonito vestido granate que llevaba. Pero aún así me iba a reír.
Hice la cuenta atrás. 3… 2… 1…
Ninguno de los dos se cayó ni le ocurrió nada. “¿Por qué tenéis que ser así? ¡Yo sólo quería reírme! Llevo toda la tarde aquí sentada esperando algo que no sé que es.”
Ambos se saludaron. Él chico dijo algo que a ella le pareció gracioso, por lo visto. Tenía pinta de ser un estúpido, y ella tenía la risa floja.
Cruzaron un paso de cebra y se escondieron debajo de un árbol que no había muy lejos de mí. ¿Por qué me miraban tanto?
Ah, claro.
Era viernes. Miré el reloj y eran justamente las seis de la tarde.
Debió haberme cambiado mucho la expresión de la cara. Pude leer en los labios del chico como pronunciaba “inútil” mientras sonreía. Se había convertido en su palabra favorita, pero a mi no me importaba. Parecía que era feliz cuando lo decía, como si necesitara que yo fuera una completa idiota para protegerme. Y ella se rió, pues sabía que él tenía razón.
Me levanté, y corrí hacia ellos; como no, me caí.  Se acercaron lentamente, mientras se reían y me ayudaron a ponerme en pie. Les di un fuerte abrazo a los dos.
Algo me decía que era justamente ellos eso que había estado esperando toda la tarde.

By Albara.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Aún vive el monstruo y no hay paz.

Como una niña pequeña salto de charco en charco, buscando uno donde poder bucear; pero con mis jodidos zapatos de niña grande apenas llego a sentir unas pequeñas gotas que han conseguido traspasar las medias.
Me cabreo conmigo misma, me los quito y vuelvo a pisar los charcos descalza. Que satisfacción recordar que aun soy una persona, obligada a ponerse tacones para aparentar madurez, pero persona al fin y al cabo.

Rememorando anécdotas encuentro una escena donde yo mezclaba mis lágrimas con la lluvia, donde también me hundía en los charcos, pero entonces intentaba ahogarme en ellos. Es más reciente de lo que creía. Me ha pillado por sorpresa, duro golpe.


PD: Si veis a una colgada descalza saltando de un charco a otro, con un par de zapatos en la mano, no la juzguéis. Soy yo.
(Tengo un cuchillo y es de plástico, donde solía haber metal.)

Grato detalle

Cuando he vuelto de tomarme un café en el lugar de siempre, me encuentro un sobrecito colgado en mi puerta. Como una niña pequeña lo cojo ansiosa olvidándome por completo de mis muchas obligaciones.

Cierro la puerta con llave, me quito mis zapatos de niña grande y me tiro al suelo como solía hacer antes. Abro el misterioso sobre, y en su interior encuentro una cinta, de las antiguas, de las de casete. Por suerte, soy amante de las viejas tecnologías y tengo en mi poder un viejo reproductor que guardaba entre algodones.

Meto la cinta en el antiguo artilugio. Cara A:
Suena algo que conozco bien, una gran canción; “La mirada de la gente que conspira”.

La cara B está sin grabar. Me pregunto quién pudo dejar este grato detalle.  Como soy una chica con imaginación, supongo que quién me dejó esta cinta esperará algo a cambio, una respuesta.

En la cara sin grabar añado otra increíble canción: “Incendios de nieve”. Junto con la cinta, meto una nota:
Seas quién seas, me has recordado tiempos pasados a los que hace tiempo que no prestaba mucha atención, así que gracias por este grato detalle.
 Con cariño, Alonei
PD: Espero que sea de tu agrado la canción que he grabado (Cara B).
                                   
Escribo en el pequeño sobre “Respondido”, y lo coloco donde lo encontré solo me queda esperar, y como dudo que sea cuestión de minutos me preparó un gran bol de palomitas, pongo una película y al cabo de diez minutos me quedo dormida.

A las nueve y media de la noche me despiertan unos golpes en la puerta, yo ni recordaba la respuesta que había dejado y relacioné dichos golpes con algún vecino refunfuñón.

Tan solo encontré una caja. “Esto me está cansando ya”, pensé. La abro y encuentro un papel doblado, que en un principio no relaciono con nada, pero luego… Cuando al fin lo desdoblo, encuentro la entrada del concierto que yo misma compré años atrás. Ese recuerdo me obliga a odiarme a mí misma por no haber pensado antes que él estaba detrás de esto.

Salgo corriendo en busca del calendario y compruebo entre lágrimas que hoy es uno de Diciembre, nuestro aniversario. Me pongo la camiseta que él me regaló,  mis pitillos rojos y salgo al portal. Allí estaba, como me prometió antes de irse: “Cuando menos te lo esperes volveré en nuestro aniversario con la canción de 1999 por banda sonora”.

No le creí. Me mira con esa media sonrisa, yo le miro incrédula. Pasan dos, tres, cuatro eternos segundos cuando se acerca y me abraza. 

Ahora solo existimos él y yo. Perfecto, ¿no crees?



Recomendación II (Incendios de nieve)