miércoles, 26 de mayo de 2010

Mentiras, quien no las ha utilizado nunca?

Era de noche y hacía frío. Aquel lugar me producía auténtico pavor; pero ya estaba allí, no debía ni podía retornar mis pasos. No tendría donde ir, y aún teniéndolo los remordimientos acabarían con mi propia vida.

Encontré la casa en mitad del bosque como bien descifraron mis sueños. Aquel lugar, me fascinaba, no me preguntéis por qué pues no sabría responder.

La puerta principal estaba cerrada, pero eso no me desanimó. Siempre se ha dicho que los mejores secretos no están guardados, busqué una ventana un tanto abierta. En su lugar encontré algo mejor, una puertecita abierta de par en par, invitándome a entrar. Entré, y no os mentiré, lo que vi me cautivó y sorprendió a partes iguales: Un pasillo largo y estrecho, con alfombra granate, y lámparas hermosas colgadas del alto techo. Al final del pasillo, estaba la recepción de la mansión, donde me esperaba un señor con chistera negra de terciopelo enfundado en un esmoquin rojo.

-Buenas noches señorita Ash, estará cansada y hambrienta -dijo sin siquiera parpadear-. Soy Torise. Bueno, a juzgar por su petrificada mirada, eso ya lo sabe.
-¿Quién le ha dicho mi nombre? -pregunté mientras recapacitaba, estaba hablando con Torise, el lo sabe todo-.
-Hace semanas que esperaba su visita. Bueno meses. Ahora por favor, una vez hecha la presentación, acompáñeme al comedor, la cena nos espera.

Me llevó hasta el comedor, en el que había una impresionante mesa cubierta por manjares que nunca hubiese imaginado. Torise me miraba desde el otro extremo de la mesa, serio, no probó bocado; yo en cambio lo devoré todo, llevaba días sin comer y no pude evitarlo. La cena transcurrió totalmente en silencio, cuando terminé me llevó a mi habitación y quedó en verme la noche siguiente.

Mi habitación era maravillosa. Estaba en el segundo piso, tenía un gran escritorio repleto de plumas estilográficas realmente preciosas, un inmenso armario lleno de vestidos increíbles, también disponía de unas vistas impresionantes desde mi balcón, y una majestuosa cama estaba en el centro del cuarto tentándome. Sucumbí y me dejé caer sobre ella.

Al despertar encontré una notita con aroma a vainilla en la que decía:

Espero que haya estado cómoda. Dispone de una biblioteca justo debajo de su habitación, un jardín por el que pasa un hermoso río, y muchas cosas más que me gustaría que descubriese usted misma. Recuerde nuestra cita, esta noche en la fuente.

Le hice caso y dediqué toda la mañana a leer, toda la tarde a jugar con el agua del río y parte de la noche a investigar los alrededores. Aún así llegué puntual, Torise estaba ya sentado cuando yo llegué, lucía su chistera y su frac rojo, me miró y me invitó a sentarme con un gesto. El reflejo de la luna en el agua llegaba hasta sus facciones, ese juego de luces hico que me diese cuente de que Torise no era tan diferente a mí.

-Ash, es valiente. Bueno no me sorprende, tu madre también lo era -dijo quitándome el habla-.
-¿Mi madre? -añadí con un hilo de voz- ¿La conociste?
-Claro, ella también vino aquí en busca de respuestas. Padecía de sueños semejantes a los suyos, señorita Ash.
-Pero... es imposible, me dijeron que falleció hace años -respondí-.
-Mentiras. ¿Quién no ha mentido alguna vez?
-¿Qué quería saber?
-La respuesta que hoy he venido a responderte a ti. Y ahora le pido que no me interrumpa. Ella quería conocer cuál sería su muerte. Tu muerte será rápida e indolora, en esta misma fuente a esta misma hora. Ahora estás pensando en huir pero hay demasiados lazos que te unen a aquí como para irte. Como tu madre.

Me giré para poder mirarle a la cara cuando él desapareció, esa noche había sido muy impactante para mí y debía reflexionar. La mañana siguiente la volví a pasar entre libros, y entre tinta. Comí un par de manzanas que yo misma recogí de un manzano del jardín, y cuando ya oscurecía comencé a deambular por el caserón. Terminé andando por el pasillo repleto de cuadros por el que entré días atrás. En especial me fijé en el retrato de una mujer, de tez pálida, pelo negro y largo, ojos oscuros y profundos, me resultó familiar, pero no le di importancia. Yo ya había andando un par de metros cuando noté un toquecito en mi hombro. Me giré y la vi, a la mujer del cuadro, de cerca la reconocí, mis ojos se llenaron de lágrimas y mis piernas cedieron dejándome caer. Ella cayó a mi lado. Tras pasar dos minutos completamente en silencio ella dijo al fin:

-No debes luchar contra tu destino.
-Pero no quiero morir -respondí-.
-Yo tampoco quería, intenté burlar a mi destino y fui castigada por ello. Por favor, acepta tu muerte.
-!No¡ -grité, mientras corría por la casa huyendo de mi madre, que me perseguía soyozando- ¡Seré más lista que tú!
-Pero no más lista que él -oí que me decía, antes de caer sobre lo que menos me convenía, la fuente del patio-.

Algo me obligaba a estar debajo del agua, era mi madre mi asesina. Fallecí en aquella fuente, ala hora pactada, en el lugar dictado, con la peor muerte, la asfixia. Lo último que vi fue a Torise sentado sobre la fuente viendo como la señora que me dio la vida años atrás, me la quitaba ahora con sus propias manos.