jueves, 17 de junio de 2010

Esa chica, la profetisa, era hermosa.



La mujer no dijo nada, pero se inclinó ligeramente hacia delante para verlos mejor, y Jonathan pudo apreciar entonces sus rasgos. Tenía el rostro ovalado, y los ojos ligeramente achinados, y llevaba el pelo muy corto y de color violeta, como la luz que emitían las velas.
(...)
Alzó la cabeza y sus ojos, de un extraño color violeta (¿sería un reflejo de la luz de las velas?), se clavaron en él.

[El coleccionista de relojes extraordinarios, p.89]