lunes, 25 de enero de 2010

Andar sóla, escusa para pensar.

En aquel momento, sólo pensé en huir. Sólo me interesaba dejar de pensar, y bueno creo que lo he hecho. Esta mañana me he levantado muy temprano, con el único fin de escuchar mis sordos gritos que se escapan entre pensamientos. Como tenía clase no me podía escapar a ninguno de esos sitios que ni siquiera me atrevo a nombrar con el fin de que sigan siendo secretos. Me limité a coger mi mochila y marcharme al instituto, mientras caminaba hacia él, intentaba que las lágrimas que empezaban a asomar por mis ojos no cayesen, y no era porque me diese vergüenza llorar ni nada por el estilo, era porque si el viento era capaz de hacer que mi cara empezase a arderme por el simple hecho de entrar en contacto con los muchos cortes de mi piel, no quería imaginarme lo que sucedería con una lágrima. Pero al fin, no lo conseguí porque las lágrimas eran más fuertes que yo. Tras unos veinte minutos andando con la total compañía de mis pensamientos, manteniendo una conversión con mi alma asesina, descubrí que aquella no sería la última vez en la que yo decidía levantarme temprano con el único fin de caminar.

Llegué cuando ni siquiera habían abierto las puertas de instituto, y cuando me senté en el suelo de la calle pareció que el cielo se había apiadado de mí haciendo que lloviese ese día y así poder disimular mis lágrimas. El resto del día fue mejor de lo que esperaba, incluso aprobé uno de los exámenes más difíciles del curso. Definitivamente quiero volver a repetir esa experiencia...

No hay comentarios:

Publicar un comentario