Me cabreo conmigo misma, me los quito y vuelvo a pisar los charcos descalza. Que satisfacción recordar que aun soy una persona, obligada a ponerse tacones para aparentar madurez, pero persona al fin y al cabo.
Rememorando anécdotas encuentro una escena donde yo mezclaba mis lágrimas con la lluvia, donde también me hundía en los charcos, pero entonces intentaba ahogarme en ellos. Es más reciente de lo que creía. Me ha pillado por sorpresa, duro golpe.
PD: Si veis a una colgada descalza saltando de un charco a otro, con un par de zapatos en la mano, no la juzguéis. Soy yo.
(Tengo un cuchillo y es de plástico, donde solía haber metal.)
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