martes, 5 de abril de 2011

lalksfajcsf

Suena el despertador, las siete en punto. Me levanto de la cama; sin ningún esfuerzo bajo las escaleras. La casa apesta a café y mermelada, me ha preparado el desayuno; detalles como éstos son los que hacen que me dé cuenta del privilegio de vivir con alguien como él. Me tomo la tostada en dos bocados, termino la taza mientras me acerco al acuario a darle de comer a los peces.
Vestida y peinada aparezco, a las siete y media, por la puerta del garaje montada en el coche dispuesta a marcharme hacia el trabajo.
Vuelvo y la casa está en silencio; él ya duerme, o eso me hizo creer a mí, y yo por no molestar decido leer en el salón. En mi mecedora me quedo dormida, hasta que un portazo me despierta. Ya no huele a café ni tostadas, toda la vivienda está a oscuras y el reloj marca las cuatro y tres minutos. Asustada subo los escalones de tres en tres, sigilosa me asomo por la entreabierta puerta del dormitorio donde encuentro una cama perfectamente hecha y unos armarios vacíos. "Estoy sola" susurro mientras mis rodillas ceden.

Suena el despertador, las siete en punto. Me levanto de la cama; con gran dolor de cabeza esfuerzo bajo las escaleras. La casa no apesta a café y mermelada, él ya se ha ido; detalles como éstos son los que hacen que me dé cuenta del privilegio que he perdido. Se han quemado las tostadas, el café sigue siendo ideal.
Vestida y peinada aparezco, a las siete y media, por la puerta del garaje montada en el coche dispuesta a marcharme hacia el trabajo.
Vuelvo y la casa está en silencio; no hay nadie así que decido cambiar mi incómoda, pero elegante, ropa de trabajo por una camiseta de Coca-Cola varias tallas más grande. Me propongo dormir sin preocupaciones cerca y lo consigo.

Suena el despertador, las siete en punto. Me levanto de la cama; sin ningún esfuerzo bajo las escaleras. La casa no apesta a café y mermelada, pero pronto la cafetera se pone a trabajar haciendo que éso cambie; detalles como éste son los que hacen que me dé cuenta de que no le echo de menos. No me apetecen tostadas y tomo más café de lo habitual, hoy estoy amodorrada. Me acerco al acuario, para alimentar a los peces; disgustada compruebo que de los doce que eran apenas quedan tres, ¿Cuánto hace que no les doy de  comer? 
Vestida y peinada aparezco, a las siete y media, por la puerta del garaje ya montada en el coche dispuesta a marcharme a trabajar. Hoy tengo la imprudencia de salir antes del trabajo, y me paso por la tienda de animales, donde compro un gato gris de pelo y ojos claros.
Vuelvo y la casa está en silencio; algo que me relaja y me incita a colocarme mi camiseta gigante, y perderme en mi profunda cama.

Suena el despertador, las siete en punto. Me levanto de la cama; Sin ningún esfuerzo bajo las escaleras. La casa aún mantiene el aroma del incienso, la cafetera comienza a trabajar; detalles como éstos hacen que me dé cuenta de que lo único que no ha cambiado en mi vida es el café y probablemente, dentro de diez años, con un color de pelo distinto, un gato más viejo, y sin  peces, siga desayunando tanques de café.

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