martes, 18 de enero de 2011

Nadie se acuerda ya de las pequeñitas cosas que nos hacen felices. Para Amelie, meter la mano en un saco lleno de legumbres; para ella, escuchar una canción a escondidas debajo de una escalera sin ser vista; para él, peinar con caricias los descuidados cabellos de su amada; para mí, son muchos más pequeños, el movimiento de bigotes de un gato, las lágrimas de nostalgia que suelto entre las páginas de Marina, perderme sola y dejar que me encuentres...

Esos detallitos a los que sólo encontramos valor nosotros mismos y aquellos que nos aprecian. Esas tonterías infantiles que nos sacan una sonrisa o una lágrima en los momentos acertados. Juntémoslos, los tuyos, los suyos y los míos y hagamos una fuerte red que se tensará bajo nosotros, protegiéndonos como si trapecistas fuésemos. Caeremos, una y otra vez, pero no nos dañará, nuestros pequeños placeres nos darán la fuerza y resistencia que precisemos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario