En ese momento me olvidé de todo. Todo lo que había creado a costa de muchas lágrimas; esa armadura de chica insensible y estúpida desapareció. Solo estábamos él y yo, en realidad no, pero mi mente me tendió una trampa y yo caí ilusionada. Mis pestañas peinaban sus mejillas, y sus manos dibujaban mi sonrisa. No me lo podía creer, la Inane que todos conocían se hubiese separado incómoda pensando que era una broma; pero en ese momento fue Alonei la que pensó, y lo hizo bien:
Si me separo ahora, si no sucede nada, me arrepentiré toda mi vida. Si no soy correspondida, la vergüenza me derrumbará. Una persona que se aprecie a sí misma escogería la primera opción, pero yo no soy esa persona y prefería derrumbarme con el sabor de sus labios no correspondidos a no intentarlo.
Le besé dulcemente, deseando captar cada sensación que me rodeaba. "¿Qué es ésto? Es él ahora quien me besa." Sus brazos me rodean. Probablemente nunca me vuelva a arriesgar, probablemente nunca me llegue a soltar.
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