Una manaña me despierto, y al mirarme al espejo no me veo, en mi luga encuentro a una completa extraña. Con piel pálida, ojos claros y pelo largo y oscuro, era bellísima; un mismísimo ángel, pero esa no era yo, y nunca me ha llegado a gustar usurpar el puesto de cualquier otra persona. Intento recordar mis últimos días sin conseguirlo, pido ayuda a quien deberían ser mis mejores amigos, pero eso sólo empeora mi situación pues ellos no me ven a mí, sino a la encantadora y hermosa extraña en la que me encuentro.
Sé que no es lo más lógico buscar mi antiguo cuerpo, cuando me lo han cambiado por el prototipo de cuerpo ideal, cediéndome así la oportunidad de comenzar de nuevo, de ser una persona distinta; pero sé que no soy fuerte, y que no aguantaré mucho tiempo en volver a derrumbarme, llevando conmigo todo lo que eso implica. Así que sigo buscando y cuando ya apenas me quedaba esperanza, me encuentro dentro de la caja de zapatos donde siempre decía estar aislada del mundo, donde yo misma he creado mi mundo. En ese momento me doy cuenta de que lo único que yo queria era desaparecer en un mundo hecho a mi medida, pero que mis responsabilidades se habían visto obligadas a robar un cuerpo tan espectacular como pudiesen para continuar con las obligaciones de las que mi cuerpo inconscientemente intentó huir ...
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